Definitivamente, sufrimos una
grave crisis de confianza y credibilidad
económica y política.
Algunos afirman que la desconfianza
se combate con la información.
Otros piensan que la
expectativa (esto tiene más que
ver con la fe) es la única solución
a la desesperanza.
De la desconfianza en la economía
se asegura que su causa
surge no sólo de la acción-inacción
de los líderes (grandes empresarios,
economistas, banqueros,
especuladores, políticos...) sino de
el vaivén histórico que cual pesadilla
vuelve de manera cíclica a nuestras
vidas. La política sí tiene que
ver más con el nivel de lo personal.
El debate sobre la confianza en la
Política y los políticos, se estableció
ya en tiempos de Cicerón o, incluso
antes, con Aristóteles.
Cicerón basaba su ‘confianza’
en una visión optimista, en la
esperanza de encontrar personas
virtuosas que pueden ser elegidas
como representantes del pueblo;
sin embargo, otros, como
Maquiavelo, tendían a pensar que
aquellos que representaban al
pueblo sólo parecían ser virtuosos.
Se trata de la dicotomía del
‘bien común’ y el ‘bien partidista’.
Aún hoy dudan, dudamos, que
muchos de aquellos que nos
representan lo hagan buscando el
bien común de un pueblo que les
ha cedido el poder y que acepta
voluntariamente las reglas representativas
de un sistema democrático,
confiando en él.
Según el último Barómetro del
Centro de Investigaciones
Sociológicas (CIS), la clase política
y los políticos son el tercer problema
de nuestro país (así lo percibe
casi el 16% de la población, detrás
del paro y de los problemas de
índole económica). Además de ser
un problema nos caen antipáticos.
Según el mismo estudio, el colectivo
que cae peor a los españoles
es el de los okupas, después, los
políticos. Podríamos resumir que
los políticos son un grave problema
y nos caen muy mal. Existe
una grave crisis de confianza con
este colectivo.
Fruto de esta desconfianza y
descrédito manifiesto, la población
siente una creciente y preocupante
desconexión con la Política. Lejos
de afrontar el problema, aportando
soluciones concretas, los políticos
‘juegan’ a lo suyo y en su lenguaje,
muchas veces encriptado para la
amplia mayoría de la población,
que carente de expectativas (dado
el más que dudoso histórico con el
que cuentan muchos políticos)
carece también de información.
Así, desde el periódico A2
poco podemos hacer con la fe
perdida aunque sí con la información
oculta (para una gran mayoría).
Mostramos en este número
una de las partidas municipales
más polémicas, y ahora, en época
de austeridad, más incomprendidas
por los vecinos: los cargos de
confianza. Aquellos, que, siendo
cargos políticos, no son elegidos
por el pueblo, cuyo trabajo complementa
o sustituye (en el peor
de los casos) al de la estructura
básica del Ayuntamiento, los funcionarios,
y sobre el que habría
que detenerse a estudiar.
Afortunadamente ninguno de
nuestros ayuntamientos tiene
como gasto en cargos de confianza
los 31 millones de euros que
‘invierte’ el consistorio de
Madrid, pero algunas de las
cifras, salarios y número total de
cargos debería hacer reflexionar
sobre los conceptos Austeridad,
Mesura o Prudencia.
Visto está que “La confianza
es la madre del descuido”
(Baltasar Gracián)
David Moreno
Director |